Escribe Nuestro Hermano Mayor

Con la imposición de la ceniza, iniciábamos la cuaresma, e iniciamos nuestro particular camino de conversión que nos ha de llevar a vivir y celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.

Convertirse es volverse a Dios: regresar a Dios o acercarse más a Él, para que Él pueda actuar en nosotros y, en este tiempo de preparación a la Semana Santa, además de invitaros a participar en todos los actos que la Cofradía y la Parroquia organizan y celebran, os invito de una forma especial, a que os acerquéis por nuestra Parroquia del Perpetuo Socorro, que os sentéis delante de Nuestro Señor de la Cena y que os abandonéis en su mirada, que en el silencio le contéis vuestras preocupaciones, le deis gracias y le dejéis ser parte de vuestra vida.

Luego podéis acercaros al altar y rezar con nuestra madre del Perpetuo Socorro. Fíjate en todos los detalles del Icono, en los instrumentos de la pasión, en el Niño atemorizado que se refugia en la madre. Mira sus ojos, en su tierna mirada que no mira a Jesús, sino que está fija en nosotros, en todos sus hijos, como queriendo ser parte de nuestras vidas y acercarnos al Salvador.

Para terminar, detente delante del Sagrario. Allí está Jesucristo esperándote, realmente presente, con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad y por eso, al lado del Sagrario hay siempre encendida una lamparita que así lo indica.

¡Qué importante es para la vida de una persona, y de un cofrade de la Eucaristía que desea encontrarse con Cristo vivo y seguirle, los momentos de oración, de diálogo ante el Sagrario! En actitud humilde, postrado ante Él, ábrele tu corazón, háblale. Él te entiende y escucha pues conoce nuestro corazón, nuestras necesidades y nuestras flaquezas, pero también sabe de tu generosidad y te dará la paz que necesitas, poniendo luz a tus problemas.

Durante el Triduo en honor al Cristo del Amor Fraterno, podremos contemplar al Señor, con el pan en la mano, partiéndose y entregándose por todos nosotros, invitándonos a que comamos de Él, a ser nosotros también pan de vida para con nuestros hermanos.

Acercarse a Él es ayudar también al prójimo, al más cercano en tu familia, trabajo, Cofradía, Parroquia…. y también al más alejado, al necesitado a quien no conozco, pero en quien también puedo ver el rostro de Dios.

Con esta actitud de conversión y de entrega, dispongámonos a celebrar, participando activamente y con toda solemnidad, en la Cena del Señor, a proclamar su mensaje Eucarístico por la ciudad de Zaragoza en nuestros desfiles procesionales, dando testimonio público de fe y haciendo nuestra estación de penitencia, y culminar celebrando, llenos de alegría y esperanza, la Gloria de la Resurrección de Nuestro Redentor.

Un fraternal abrazo.

Carlos Martínez.